Me encuentro esta noticia:
http://www.publico.es/132436/ts/navarra/educacion/nino/superdotado
Y seguidamente, este comentario:
“Pues como cunda el ejemplo, habrá que hacer “adaptaciones curriculares” a los deficientes físicos o psíquicos,a los gitanos,ecuatorianos,magrebíes,chinos…Todos juntos en las aulas de los colegios públicos.Así no me extraña que la media sea de las más bajas de Europa.Compadezco a los pobres maestros/as de hoy día.”
Me indigno.
La atención a la diversidad, lleva mucho tiempo encima de la mesa. Sabíamos el efecto en las aulas de la inmigración, entre otras cosas, y la ley prevé que se cubran las necesidades de todos los alumnos, porque todos tienen derecho a la educación. Lo que me parece deleznable, es que para cumplir una ley, tenga un padre/madre que recurrir al tribunal, para enfrentarse, a la propia administración.
Es evidente, que siempre han faltado medios. Inversión. Profesionales formados. Pero la solución no pasa, por no dar la atención necesaria a todos, sino por poner los medios para hacerlo. Pero , ¿acaso hay algo nuevo bajo el sol? La administración busca estrategias, impone medidas, y al final, lo que siempre falta, son los medios.
En la universidad, la asignatura de “Atención a la diversidad” me gustó mucho, por muchas cosas. Pero además, el profeso utilizó una metáfora que no olvidaré en la vida, y que creo que es el mejor ejemplo que nadie puso nunca, para explicar algo. No sé si la metáfora era propia del profesor, o si él, al igual que voy a hacer yo en este momento, se la plagió a alguien.
“La diversidad en las aulas, ha de ser como el azúcar en el café”.
No se trata de hacer cosas especiales para un alumno, ni porque el alumno sobresalga en sus capacidades (para bien, o para mal), ni por su procedencia.. ni por nada. La atención a la diversidad debe ser una estrategia, un método común, un conjunto de estrategias y recursos unificados, que se entiendan “normalizados” en el ámbito educativo.
Esto es, como el azúcar en el café. Nosotros le echamos azúcar al café, y la removemos, de modo que ésta se diluya. Cuando te bebes el café, notas que el azúcar está ahí, no lo ves, no puedes separar un grano de azúcar del café, pero está ahí, y se nota en el sabor, y en el resultado.
