Después de tres largos meses, aplazando una excursiónal Torrent de Pareis, por aquello de la lluvia, el domingo finalmente, nos vestimos de gran ilusión, a las 6.30 de la mañana, y nos fuimos de excursión (dios qué pareado más cursi)
Los 3.200 metros más largos de mi vida. Me caí nada más empezar, así que me dolía la pierna, con lo cual mis pasos ya no eran muy seguros. Así pues, en la medida de lo posible, buscaba el camino, “arrosegant el cul”. Al rato, mi culo ya no era mío, así que empezé a apoyarme más en manos y piernas, lo cual consiguió que me dolieran. Al final me arrastraba cual gusano dolorido, pensando, que no podía hacer otra cosa, si no seguir.
Alguien había tenido peor suerte que yo, se había partido una pierna, y el helicópetero merodeaba (6.000 eurazos la broma del rescate, que no te lo cubre nadie) y los bomberos subieron al rescate cruzándose conmigo.
Debo decir, que la excursión es de una belleza impresionante, y que es lo suficientemente fácil como para hacerla a pelo (así sin cuerdas ni na) y lo suficientemente difícil como para dejarte en mi estado.
6 largas horas, que requirieron de mi, un lunes de dolor y contractura muscular que me tuvieron en cama (con el calor que hacía ayer), amen de unas agujetas que me van a acompañar, con suerte, sólo esta semana.
Ventajas: cuando llegué estaba tan cansada, que me quedé profundamente dormida en el sofá, y al despertar pensé: “no ha habido cohetes, España ha perdido”. Pero no, al abrir los ojos, y apropiarme con carita de pena del mando (pq fuerzas no tenía) vi los penaltis. He perdido mogollón de apuestas. Me la bufa si España gana o no la Eurocopa. Pero el reventón me dejó dormir, aún a pesar de la gente, que se pone a pitar con el claxon, como si él fuera a cobrar los mismos millones que los jugadores, por haber ganado.
